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Hoy no es un día para añadir más palabras a las lecturas, sino para saborear y orar. El evangelio de San Juan nos ha descrito la pasión, muerte y sepultura de Jesús. Hoy es un día de guardar silencio. Y es que la liturgia no es simplemente un recuerdo, la liturgia es actualización. Aquí en la parroquia de San Pedro esta tarde de Marzo de 2008 Cristo nos está ofreciendo la fuente inagotable de su redención a los que hemos venido con fe, con esperanza a contemplar este misterio de la redención. Busquemos unidos, en comunidad, la entrega total de Jesús.
La primera lectura nos presenta el abatimiento de Cristo hasta la profundidad de una humillación que no tiene nombre. La segunda lectura, carta a los Hebreos, exalta ese personaje humillado en la Cruz hasta las alturas del cielo hecho pontífice de nuestra salvación. El relato de la pasión nos dice como sucedió todo esto: la humillación y la exaltación.
La figura del Siervo de Yahvé que nos presenta el profeta Isaías, es una figura tan desfigurada que no parecía hombre, se le acusa de blasfemo, herido de Dios y humillado, su mensaje religioso parece haber fracasado. A lo largo de la historia, muchos testigos reproducirán la figura del Siervo. Y no sólo de forma personal, sino encarnada en pueblos enteros que sufren injustamente el dominio explotador de los pueblos poderosos. Son pueblos enteros sometidos a una deuda injusta. Los pobres reproducen hoy al Siervo de Yahvé.
Nuestro Viernes Santo termina con esperanza, al besar la cruz, veamos en ella el amor del Padre llevado hasta el límite. Hoy es el día del gran silencio, de la esperanza, de la búsqueda del camino que nos llevará al sepulcro vacío, porque no está entre los muertos el que vive...
Francisco Albuixech