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¿Buscáis a Jesús el nazareno, el crucificado? Ha resucitado.
¡El señor Jesús ha resucitado! Jamás se anunció a los hombres y mujeres una buena noticia que haya traído al mundo tanta paz y tanta esperanza. ¡Este es el día en que actuó el Señor! ¡Sea nuestra alegría y nuestro gozo!
La resurrección de Jesús no fue el simple retorno a la vida ni la recuperación de un cuerpo mortal. La resurrección de Jesús es la comunión plena del Hijo con el Padre, que hace superar todo dolor y toda limitación. Nosotros creemos en el Dios de Abrahán que no quiere la muerte del hijo sino la vida; creemos en el Dios de Moisés, que llama a la libertad; creemos en el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que lo levantó hasta Él, liberándolo de la muerte.
El anuncio de la Pascua resuena en nuestro mundo, en nuestras comunidades, en nuestra vida individual como una luz en la oscuridad de la noche. La noche que nos rodea es como el símbolo de nuestra vida; tenemos en nosotros tanta duda, tanto fracaso, tanta convivencia difícil, tanta realización mediocre; hay tanto sufrimiento, miedo, tanta degradación de la vida, tanta muerte... El Señor resucitado es una luz que aleja la oscuridad y llena todo de esperanza. La llama del Cirio Pascual es un símbolo; la resurrección del Señor nos devuelve la alegría, la esperanza, la fe en la vida. Esta luz de fe y esperanza que sentimos en el corazón jamás se apagará ya.
San Pablo en una noche como esta nos invita a que busquemos las cosas de arriba, esto no quiere decir que para Pablo desprecie la vida humana, sino que nos invita a que seamos más libres, a que no estemos sujetos a las cosas y sepamos valorar más aquello que hace a la persona libre y ser portadora de alegría.
No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán
. La Pascua provoca el anuncio, la comunicación gozosa, la esperanza compartida en un mundo complejo y lleno de dolor, la fe comunicada en una sociedad siempre en peligro de división y desesperanza, la reconciliación con la vida entre unos hombres y mujeres que tienen la tentación de huir de la vida y de la muerte. Que los hombres experimenten en nuestro alrededor la posibilidad de una esperanza gozosa, de una generosidad sencilla y alegre. Mantengamos en pie nuestra esperanza y no nos desanimemos. Seamos, repito, portadores de alegría...
Jesús, el que va delante de nosotros, aquel cuyo camino queremos seguir, nos ha abierto las puertas de la vida. Jesús, nuestro guía, ha roto las ataduras del dolor, de la muerte, de la tristeza. Jesús ha resucitado, esta es la buena noticia. Jesús está vivo aquí, entre nosotros, pero hace falta que sepamos descubrirlo.
Y ahora, al renovar nuestro bautismo, al celebrar la Eucaristía, que todo se convierta en un compartir gozosamente la presencia entre nosotros del Señor Resucitado.
Francisco Albuixech