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X DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (A) - DIUMENGE X DE DURANT L'ANY (A)

HOMILÍA

No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Jesús vio a Mateo y le dijo: Sígueme, y él, dejándolo todo, le siguió. Sólo Jesús puede llamar de esa manera, puede vincular a otro de modo tan radical a su persona y a su camino. El que llama es Jesús, el que responde, un hombre, la persona, es libre para responder.

Dejarlo todo para seguir a Jesús, no es dejar a los hombres y mujeres, como se ha entendido muchas veces, sino lo contrario, pues Jesús, que vino al mundo para salvar a los pecadores, nos encamina con sus palabras y con su vida hacia la misericordia y no hacia los sacrificios. Por eso critica a los fariseos, a los puros, a los que se apartaban de los pecadores, a los que se tenían a si mismos por justos y condenaban a los demás.

Misericordia quiero y no sacrificios, nos ha dicho la primera lectura y también Jesús en el evangelio. Si Dios quiere misericordia y no sacrificios, quiere evidentemente que nos acerquemos a los hombres y de ningún modo quiere que nos alejemos de ellos para dedicarnos al culto. Vamos a Dios con sacrificios, y Dios nos dice que no es eso, que lo que espera de nosotros es misericordia. Nada más ajeno al evangelio que una religión que nos aparte de las personas y de la voluntad de Dios. Cuando los sacrificios se oponen a la misericordia, y esto ocurre muchas veces, cuando la religión es un pretexto para desentenderse de las necesidades humanas, cuando separamos el amor de Dios del amor fraterno, los sacrificios, la religión y el amor a Dios no tienen sentido alguno para los que siguen a Jesús.

La Eucaristía es el centro de la vida cristiana. En ella hacemos lo que nos encomendó, la noche antes de padecer. Y en ella nos comprometemos a seguir a Jesús hasta la muerte, hasta dar la vida por la salvación de todas las personas. La Eucaristía es el memorial del sacrificio de Jesús. En un mismo acto, en el acto de su entrega al Padre, Jesús se entrega también a todos los hombres.

Al celebrar nosotros la Eucaristía, en memoria de Jesús, al celebrarla tal y como el nos la encomendó, tenemos que integrar en el culto la misericordia, para que sea un culto agradable a Dios Padre. Pues comiendo todos de un mismo pan, damos gracias a Dios y construimos la fraternidad. No es posible lo uno sin lo otro. No es posible querer agradar a Dios a través del culto y estar separados de las personas. Lo uno nos debe llevar a lo otro, de ahí las palabras de Jesús cuando los fariseos se escandalizan porque come con los pecadores: misericordia quiero y no sacrificios.

Que esta Eucaristía nos ayude a profundizar más en las palabras de Jesús.

Francisco Albuixech

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]