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XX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (A) - DIUMENGE XX DE DURANT L'ANY (A)

HOMILÍA

Mujer, qué grande es tu fe.

No se si os acordáis del evangelio del domingo pasado. La barca en medio del lago con el viento contrario, Jesús que se acerca, Pedro que lo reconoce y le pide ir con él, pero que luego no se fía y se hunde. Y Jesús tiene que echárselo en cara: ¡Qué poca fe! ¿por qué has dudado?.

El evangelio de hoy, si queréis, es la otra cara de la moneda. Una mujer de fuera –hoy diríamos: de las que no van a misa-, esas que los buenos fieles consideraban y quizá consideramos condenadas, recibe todas las alabanzas de Jesús. Y ciertamente Jesús se lo había puesto difícil... Le dice que él sólo ha venido para los israelitas y no para los extranjeros.

Pero la mujer no se echa atrás. Ella está convencida de que Jesús le puede dar lo que ella desea, que es la curación de su hija, y ni siquiera presta atención a las dificultades que Jesús le pone. Ella quiere algo que le resulta de suma importancia, y está segura de que con Jesús lo alcanzará, y con eso le basta.

Y Jesús cede porque reconoce admirado su fe. Una fe que es eso: un deseo muy hondo de lo que Jesús puede dar, y la certeza que lo va a dar. Una fe que no es privilegio de sabios o de personajes importantes o de gente que ha triunfado en la vida, sino muy a menudo al contrario. Ya lo hemos visto: Pedro se hunde y la mujer extranjera recibe lo que ha pedido. Del mismo modo que lo recibió otra mujer que tampoco tenía cargos importantes, María, la Madre de Jesús que celebrábamos el otro día en la fiesta de la Asunción, ¿recordáis el saludo de su prima Isabel: Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Decíamos el domingo pasado que aquel evangelio era una invitación a creer que Jesús acompaña la barca aunque nos cueste reconocerlo y aunque parezca que la barca no avanza. Hoy recibimos una nueva invitación a reforzar esa fe, una invitación que nos quiere explicar un poco más en qué consiste esa fe.

Y la fe es lo que hemos visto en aquella mujer. Creer que verdaderamente merece la pena lo que Jesús puede ofrecernos: la ilusión, el empuje, la esperanza, la paz, su vida eterna. Y creer que verdaderamente nos lo puede dar. Y sentir que está cerca de nosotros y no abandonarle nunca.

Pidámosle en esta Eucaristía más fe. Una fe sencilla y auténtica.

Francisco Albuixech

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]