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Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos
El domingo de ramos o domingo de pasión abre la Semana Santa. Durante estos días la Iglesia, con mayor insistencia que nunca, reclama nuestra atención para que nos fijemos sobre todo en la cruz de Cristo, para que hagamos memoria de su pasión y muerte bajo el poder de Poncio Pilato. Es un tiempo bueno para preguntarnos si nosotros hacemos o no, desde la fe, una lectura correcta del evangelio, si entendemos de verdad la “palabra de la cruz” o si, por el contrario, donde ésta nos dice “amor” escuchamos solamente “dolor”. Porque podemos llegar a desfigurar el rostro de Cristo y a dar la imagen de un Dios que se complace en el sacrificio y en la muerte de las personas. Como si Dios fuera el Dolor y no el Amor.
Ahora bien, Cristo no amó el dolor sino que amó a los que sufren. No amó la pobreza, sino a los pobres. No amó la muerte, sino la vida. Y el Dios vivo, Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, no es un Dios que mortifique a las personas sino el Dios que resucita a los muertos. La cruz es el símbolo del amor, es el símbolo de un amor llevado hasta el extremo en un mundo lleno de odio.
Contemplar la pasión de Jesús a distancia, admirarla incluso, adoptar ante ella una actitud estética, es lo mismo que dejarle en la cruz y lavarse las manos como Pilato.
El evangelio de la pasión y muerte de Jesús no se anuncia para que aumente el número de espectadores del drama de Jesús, sino para que nos hagamos sus discípulos y le sigamos con la cruz acuestas, para que respondamos al amor de Dios amando a los hombres y mujeres como a hijos de Dios.
Que esta celebración del domingo de ramos con la lectura de la pasión de Jesús nos introduzca en las celebraciones de Semana Santa con espíritu de fe y participación.
Francisco Albuixech