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XIII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (B) - DIUMENGE XIII DURANT L’ANY (B)

HOMILÍA

Contigo hablo, niña, levántate

A medida que van pasando los domingos de este año nos vamos familiarizando con las características del evangelio de San Marcos.

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús metido entre la gente sencilla del pueblo, mezclado en sus problemas. La postura de Jesús ante unos problemas concretos de gente del pueblo, es bien clara, con generosidad cura y da vida a las personas que con fe se acercan a él.

Un padre de familia ve la muerte en su casa, una muerte absurda en una niña de doce años. Con sencillez, pero con fe, se une entre la gente que sigue a Jesús y se acerca para mostrarle su dolor y sufrimiento.

Una mujer del pueblo metida entre el gentío, con una mentalidad elemental mágica, como tantos de nuestro pueblo, con solo tocar a Jesús, nos ha dicho el texto de hoy, queda curada.

Para que Jesús acceda ante estas peticiones pide que haya FE en ambos, pues si no hay fe no puede haber milagros, de lo contrario se caería en una religión de tipo mágico y eso es lo que quiere evitar Jesús a toda costa.

Hemos de tener sumo cuidado en no caer en una religiosidad superficial, simplista y de tipo mágico donde siempre ha abundado tanto en la historia y quizá dentro del mismo cristianismo se ha extendido esta mentalidad con mucha facilidad. Caer en esto sería traicionar el mensaje de Jesús. Los milagros de Jesús hemos de verlos dentro de una visión del Reino de Dios, pues Jesús no actúa así por simple capricho, sino con unos objetivos bien claros. Separar los milagros del conjunto del evangelio es mutilar el mismo evangelio de Jesús. Sería deformar los gestos y las palabras de Jesús si lo identificáramos con un curandero, o con la de un obrador de milagros. Los milagros de Jesús son signos dentro del Reino de Dios. Son pasos en un camino que conduce al Padre. Quedarse en los pasos, sin apuntarse al camino, sería traicionarlo, no haber entendido sus palabras. Vuelvo a repetir que, tengamos sumo cuidado en no confundir a Jesús en un mago o médico, y a la Iglesia en una secta o grupo de gente fanática. Las personas que buscan una religiosidad de este tipo, es porque no quieren comprometerse con la vida, lo otro es más fácil.

En el evangelio de hoy descubrimos también la exquisita sensibilidad de Jesús, de su cordial atención y comprensión con las personas. Que es lo que muy a menudo nos falta a nosotros. Saber darnos cuenta de las necesidades de los otros, saber romper la muralla que nos encierra en nuestras preocupaciones para así descubrir al hermano que pasa necesidad. Esta es la vocación del cristiano: descubrir a las personas y ayudarles en sus vidas.

Pidámoslo en esta Eucaristía que estamos celebrando, que sepamos obrar generosamente comunicando vida, luchando contra todo lo que obstaculice el evangelio de Jesús.

Francisco Albuixech

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]