benvingudes i benvinguts a

logo de la Web Parroquial San Pedro


san-pedro.org és l'espai a la xarxa de la comunitat parroquial de Sant Pere Apòstol, per construir comunitat també des d'internet

Contenido
La Torre, el logo de la parroquia

Organigrama

XIV DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (B) - DIUMENGE XIV DURANT L'ANY (B)

HOMILÍA

No desprecian a un profeta más que en su tierra

El evangelio que acabamos de leer es continuación del que escuchábamos el pasado domingo y que nos será útil recordar para captar mejor el de hoy. Leíamos hace ocho días la narración de dos obras admirables de Jesucristo: la curación de aquella mujer que padecía flujos de sangre, y el retorno a la vida de aquella niña que ya daban por muerta. Dos milagros que nos eran presentados como OBRA DE LA FE.

En cambio hoy leíamos que Jesucristo, en su tierra, en Nazaret, “no pudo hacer ningún milagro”. La contraposición con la narración del domingo pasado es evidente. Cuando Jesucristo encuentra fe, cura y da vida; cuando no encuentra fe, no puede hacerlo. Y precisamente este no encontrar fe, el evangelio de Marcos lo subraya al presentarnos el hecho de Nazaret, allí donde Jesucristo había vivido: son quienes más le conocen, quienes más dificultades encuentran para creer en él. Y así se cierran a su don de vida.

Para entender debidamente estos dos evangelios y su significativa contraposición, hemos de recordar el sentido que los evangelios dan a los milagros. Fundamentalmente nos son presentados como signos de que Jesucristo es el Mesías de Dios, capaz de anunciar y realizar el Reino de Vida y de Salvación. Por tanto, lo que nos dicen estos textos que hemos leído es que rechazar la fe en Jesucristo, es cerrarse a este Reino de Vida. Dicho de otro modo: la fuerza de Dios que está en Jesucristo puede curar e incluso resucitar, pero no puede forzar la fe, no puede actuar sin la colaboración de la persona: si el ser humano se cierra, la fuerza salvadora de Jesucristo no puede nada.

Es preciso que estas afirmaciones las apliquemos a nuestra vida. Porque sorprendentemente, a menudo nosotros pretendemos vivir “cristianamente”, sin darnos cuenta de que la fuente y la base de cualquier vivir cristiano es la fe en Jesucristo. Parece, a veces, como si quisiéramos un cristianismo sin Jesucristo. Un cristianismo sin fe. Es decir, sin situar en el centro de nuestra vida a Jesucristo. Y entonces reducimos el cristianismo a unas normas, unos rezos, un culto y unos ritos…

Por ejemplo, fijémonos especialmente en este aspecto de los ritos, es decir, sobre todo, de los SACREMENTOS. Ya hace muchos años, adelantándose a los tiempos, en una pastoral, el Cardenal de Barcelona Jubany escribía: “La Iglesia cree que Jesucristo le ha confiado sus sacramentos para continuar él mismo ofreciendo a las personas, a través de signos visibles, la fuerza de la Vida nueva que nos viene de la cruz y resurrección”. Los cristianos creemos que Jesucristo actúa ahora en nosotros, nos comunica la fuerza de la vida nueva, a través de la Eucaristía y de los demás sacramentos.

Pero añade el Cardenal: “¿Cómo se vive y se expresa, de hecho, entre nosotros, la relación entre fe y las sacramentos? ¿Hasta que punto el bautismo o el matrimonio son vividos como actos de fe en Jesucristo? ¿O por qué con demasiada frecuencia se quedan solo en la esfera de una celebración rutinaria, exigida por el ambiente social?. Los sacramentos no son ritos mágicos que puedan provocar sus efectos independientemente de nuestra fe y de nuestra respuesta a la iniciativa amorosa de Dios”. Es decir, los sacramentos, sin fe, no son acciones comunicativas de la Vida de Dios. Sin fe son signos muertos sin contenido. Porque con los sacramentos sucede lo mismo que hemos leído en el evangelio: si no hay fe, Jesucristo no puede actuar. Y, por el contrario si hay fe, el gesto sencillo del sacramento, sumergir en el agua, partir el pan, etc… tienen la misma fuerza vivificante que tenía aquel gesto también sencillo de tocar el manto de Jesucristo o de dar la mano a la adolescente que daban por muerta. Pero entonces y ahora, la fuerza de vida no está en la materialidad de los gestos, sino en la comunión con Dios a través de la fe en Jesucristo: ¿Qué sentido tiene dar los sacramentos si un número muy elevadísimo no tiene fe? ¿Qué significa para nuestro pueblo el bautismo, las primeras comuniones, las bodas…? ¿Son actos de fe, o son hechos sociales? Desde la parroquia, como ustedes saben, desde muchos años venimos trabajando en esta misma línea con el fin de clarificar lo que es fe y un hecho social, no es un capricho nuestro, es una exigencia pastoral.

Pidamos hoy saber abrirnos muy sinceramente a esta Vida de Dios, sintiéndonos cada vez más totalmente creyentes en Jesucristo, seguidores de su camino, abiertos a su Espíritu.

Francisco Albuixech

Realizada con software libreRealizada con sistema operativo GNU/LinuxRealizada con sistema operativo GNU/LinuxRealizada con distribución UbuntuRealizada con editor HTML BluefishRealizada con programación web con phpRealizada con base de datos web con mysqlRealizada con navegadores de referencia Firefox y ChromiumRealizada con navegadores de referencia Firefox y ChromiumRealizada con FTP FilezillaRealizada con retoque fotográfico con GimpRealizada con dibujo vectorial con InkscapeRealizada con edición multimedia con Kdenlive y CinelerraRealizada con edición multimedia con Kdenlive y CinelerraRealizada con conversión de formatos multimedia con WinFFRealizada con reproductor multimedia VLCRealizada con edición de PDF con PDF EditorRealizada con suite ofimática Openoffice | Contenidos bajo licencia Creative Commons | cumple el estándar XHTML 1.1cumple el estándar CSS 3.0cumple el estándar WAI-AA de accesibilidad

[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]