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Vuestra riqueza está corrompida.
Hoy terminamos la lectura de la carta de Santiago que durante cinco domingos hemos leído en las celebraciones del domingo. El trozo de hoy impresiona por su extrema dureza, y recuerda a los profetas de A.T. cuando atacaban las injusticias de los ricos de su tiempo. (leer el texto nuevamente)
Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 1-6
Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado.
Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados, y esa herrumbre será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego.
Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final!
El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos.
Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenásteis y matásteis al justo; él no os resiste.
Si estas palabras que acabo de leer no fueran de la Sagrada Escritura, sino palabras del sacerdote, estoy seguro que al escucharlas, más de uno diría: caramba, este cura exagera… se está pasando de rosca… a los ricos los pone verdes… Y es muy posible que en más de una iglesia alguien protestaría y hasta incluso se marcharía.
Pero, como veis, no son palabras mías. Es palabra de Dios. Yo diría que esta lectura se podría resumir con las siguientes palabras: Ser rico es una desgracia. Aunque nuestra sociedad y nosotros mismos, pensamos lo contrario y hacemos lo contrario. Todos quisiéramos ser ricos; reconozcámoslo.
Por eso, esas palabras duras de Santiago, aunque van dirigidas primeramente a los ricos, también nos afectan de alguna manera a nosotros, porque todos queremos ser ricos. Pero Dios dice: Ser rico es una desgracia.
El Apóstol Santiago no teme lanzar duras amenazas contra los ricos: les invita a llorar a gritos, tan enormes son las desgracias que les amenazan. Les dice que el castigo es inminente: el oro, comido por orín y la polilla de las riquezas llegará a sus dueños como un fuego devorador
. Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza
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El pecado de los ricos no es solo por no pagar a sus obreros lo que es justo, ni por amontonar sus riquezas con el sudor de los pobres, sino por otros muchos motivos. Porque ¿quién contamina actualmente las aguas de los ríos?... ¿quién contamina las playas?... ¿quién contamina la atmósfera con la energía nuclear y otros productos químicos venenosos?... ¿Son acaso los pobres o los países pobres?...
Ahora bien, ¿qué solución tiene todo esto?... Los predicadores, muchas veces hemos querido proponer un camino de solución a los ricos, diciéndoles: Sed buenos, pagad los salarios justos, haced caridad… etc… Todo esto está muy bien. Pero no es esta la solución que da el N.T. Lo que dice Jesús y los Apóstoles es más exigente y también más seguro: Dejad de ser ricos, para que los otros sean menos pobres. Ciertamente una solución difícil, yo diría que casi imposible…
Habría que buscar soluciones colectivas, más que individuales. La solución para evitar este mal, esta desgracia de las riquezas, habría que buscarla en una organización de la sociedad, distinta a la de ahora. Una organización de la sociedad, según la voluntad de Dios, es aquella en la que no haya pobres ni ricos, es decir, que no haya un grupo de personas que tienen toda la riqueza y el poder y lo controlan todo, mientras hay una inmensa mayoría que no tienen apenas nada. Y esto sólo se podrá conseguir a través de una acción política, social, económica y cristiana que le de la vuelta a la sociedad actual.
Hermanos, hermanas: que los que compartimos el mismo Pan, el Cuerpo del Señor, entregado por todos nosotros, sepamos caminar hacia una verdadera fraternidad en valores y en la igualdad de los hijos de Dios.
Francisco Albuixech