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I DOMINGO DE ADVIENTO (C) - DIUMENGE I D'ADVENT (C)

HOMILÍA

Se acerca vuestra liberación

Hoy iniciamos el tiempo litúrgico de Adviento, que juntamente con la Navidad, Cuaresma y Pascua, son los tiempos más fuertes del año litúrgico. También iniciamos hoy la lectura del evangelio de San Lucas que leeremos domingo tras domingo durante todo al año litúrgico que iniciamos hoy. Cada evangelista tiene unas características muy particulares que los diferencia en algo de los otros. El evangelio de San Lucas que, leeremos durante todo este año, es más teológico que los otros dos sipnócticos; él acentúa mucho la vida de Jesús orientada hacia la Cruz, la Resurrección y la Ascensión que deben tener lugar en Jerusalén. De ahí que siempre vea a Jesús en camino hacía Jerusalén. Otra nota importante en Lucas es que lee los hechos históricos de la vida de Cristo bajo prisma de la Historia de la Salvación.

Como he dicho al principio hoy iniciamos el Adviento y, con el adviento, otro año litúrgico. ¿Qué sentido tiene para nosotros volver a empezar lo mismo que el año pasado? ¿Repetimos el adviento? El adviento no vuelve a repetirse; este adviento del 2009 no puede ser para nosotros como el año pasado. Los acontecimientos tanto a nivel del país como local no son los mismos. Por eso el adviento no vuelve, como no vuelve la historia, pues tampoco Jesús vuelve a nacer en Belén o a morir en la cruz, por más que todos los años celebremos las Navidades y la Semana Santa. El año litúrgico no tiene nada que ver con el ciclo de la naturaleza, sino con la Historia de la Salvación. De ahí que el adviento no es sólo memoria de lo que fue, de Jesús que ya vino, sino también y especialmente esperanza vigilante en el Señor que ha de venir.

Esta es la característica especial del adviento, LA VIGILANCIA, LA ESPERANZA, la llamada que nos hace el evangelio de hoy: Tened cuidado no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día.

Estas palabras de San Lucas puestas en boca de Jesús tienen en este momento histórico una importancia para nosotros. Si miramos y observamos nuestra sociedad veremos como utilizan el tiempo del adviento para programar su navidad: la televisión con sus anuncios comerciales revestidos de ropajes litúrgicos la decoración de los comercios con figuras del nacimiento y demás…, las calles, etc… Para la sociedad esto es el adviento y la navidad, la vigilancia y la esperanza está en consumir más y mejor. La sociedad utiliza sus técnicas y métodos para llevar al pueblo al encuentro con el “gran comercio”. Ya Jesús nos recuerda: “Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz”. Pero nosotros cristianos ¿también esperamos a ese Jesús falsificado y desfigurado? ¿También nos quedamos en los signos externos? ¡Cuidado! preocupados por muchas cosas nos hemos olvidado de lo fundamental en nuestra vida: preparar nuestro adviento, que quiere decir, convertirnos de verdad a la palabra de Dios, que domingo tras domingo vamos leyendo en las misas. El cristiano a de estar vigilante para captar la palabra de Dios y abrirse de verdad a ella para dar acogida a todo lo bueno y recto que hay alrededor nuestro.

El evangelio que hemos escuchado, entre el montón de imágenes que quieren expresar la grandeza de eso que esperamos y no sabemos como decir, nos pone alerta y nos dice: LEVANTAOS, ALZAD LA CABEZA: SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN. Si esto es verdad y nosotros lo creemos, que este adviento sea para nosotros un salir de la rutina, comodidad de vida y egoísmo y empezar a caminar en la construcción del Reino de Dios aquí en nuestro pueblo, en nuestro barrio, en nuestra escalera, en nuestra casa, etc…

Que esta Eucaristía, presente Jesús en nuestra asamblea, nos ayude a vivir la ESPERANZA cristiana en la segunda venida de Jesús al mundo.

Francisco Albuixech

Para la reflexión:
Creemos en Jesús de Nazaret,
que no predicó leyes ni sistemas, sino el Reino de Dios.
Creemos en Jesús.
A su luz y con su fuerza, podemos vivir, obrar, sufrir y morir en este mundo,
de forma verdaderamente humana,
sostenidos por Dios,
empeñados hasta el fin en la lucha por el hombre.
Creemos en Jesús, esperamos el Reino que anunció
y nos comprometemos en trabajar sin descanso
para llevar a todos los hombres a este Reino.

Hans Küng

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]