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III DOMINGO DE ADVIENTO (C) - DIUMENGE III D'ADVENT (C)

HOMILÍA

¿Qué hacemos nosotros?

Dentro de doce días estaremos en Navidad. De momento las calles y los anuncios de la tele nos lo recuerdan cada instante, pero de un modo que, en vez de invitarnos al gozo que, esta fiesta debe traernos, nos invita a la angustia de ver que nuestra economía no llega alcanzar aquello que nos ofrecen los anuncios y de este modo en muchas familias se estropea la paz, la verdad y el amor de Jesús. Así se prepara nuestra sociedad para la navidad. ¿Nosotros también…?

Las dos primeras lecturas de este domingo son una clara invitación a la alegría:

El profeta Sofonías, en la primera lectura, hace una llamada a la esperanza y a la alegría, porque el Señor está cerca: Regocíjate, grita de júbilo, alégrate y gózate. El profeta nos invita a recordar que Dios está con nosotros y de ahí viene la alegría…

San Pablo, nos repite unas palabras semejantes a las del profeta: Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca. Tanto las palabras del profeta como las del Apóstol Pablo, se apoyan en una certeza de que el Señor está con nosotros. Podemos apoyarnos siempre en alguien que anduvo delante de nosotros y nos marca el camino: Alguien que vino hace ya muchos años, en Belén, pero que sigue viniendo ahora, a cada instante, y que vendrá algún día para traernos la plenitud de su Reino.

La tercera lectura de hoy, el evangelio de San Lucas, es una llamada a la penitencia. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro, la penitencia con la alegría? Seguramente más de lo que parece y mucho más de lo que sugiere una práctica deformada de la penitencia. Pues la verdadera penitencia supone estar alegres por la cercanía del Señor.

Juan el Bautista predica la conversión primero al pueblo en general y, después a diferentes grupos sociales. No exige a nadie que haga penitencia vistiéndose de saco y cubriéndose la cabeza con ceniza, como era costumbre entonces, sino llama a que todos cumplan con el precepto supremo del amor al prójimo y con los deberes de la justicia. Juan no pide una conversión hacia el pasado, pide un cambio hacia el futuro.

Penitencia significa cambio de la mente y del corazón del hombre y del mundo. Significa conversión, esto es: cambio radical. De ahí que concebida la penitencia de esta forma cambia nuestra escala de valores, trastorna nuestra forma de pensar y la de la sociedad. La verdadera penitencia, la verdadera conversión, comienza cuando uno dice como el hijo pródigo: Me levantaré e iré hacia mi padre, y sobre todo cuando da ya el primer paso.

Ante la pregunta que le dirigen a Juan ¿Qué hacemos? Responde llamando a la conversión; cada cual vea su vida y enderece aquello que está torcido. Hoy también se oye decir mucho a la gente ¿qué hacemos? Me encuentro desorientado en este momento actual, sin embargo, el evangelio no anda con contemplaciones, va directamente al grano; si queremos saber que hacer, ahí tenemos la Palabra de Dios bien clara: El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo; no exijáis más de lo establecido. Esta es la verdadera y auténtica penitencia que produce frutos de conversión, de acercamiento a Dios y como no, también a las personas. Esta penitencia produce alegría porque comunicamos algo de Dios a los hombres, porque acercamos a los hombres a Dios. Y ahí es donde tenemos nosotros la fuente de nuestro cristianismo. Ante esta desorientación que todos sufrimos, ahí está el Evangelio, la Palabra de Dios que no pasa nunca: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Después de haber escuchado la palabra de Dios y antes de pasar a celebrar la Eucaristía, cabe preguntarnos: ¿Qué hacemos nosotros? Esta pregunta podría ser la tónica para estos días que faltan de adviento, para prepararnos a la navidad. Por eso al celebrar la Eucaristía es importante que recordemos las palabras de Pablo en la lectura de hoy: en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestra peticiones sean presentadas a Dios.

Francisco Albuixech



Para la Reflexión:

Ambientación de la palabra. Juan Bautista, Pablo, Sofonías, conocieron muy bien las penalidades, los sufrimientos, las tentaciones del materialismo y la ambición, los desgarros ante la injusticia y las manipulaciones por dominar a la gente. Ellos nos invitan a acercarnos a Dios desde nuestra sencillez, con naturalidad, y con el deseo de cambiar personalmente para cambiar el mundo.

(hoja de Eucaristía, 13-12-2009)

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]