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José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor
Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados
Dentro de este tiempo litúrgico de cuaresma y muy cercanos ya a la celebración de la Pascua, este año celebramos la fiesta de San José esposo de la Virgen María.
Podríamos preguntarnos: ¿Quién era San José? Los evangelistas, que no pretendieron escribir la biografía de Jesús y menos todavía la de sus padres, nos dicen muy poca cosa de San José. Sabemos, no obstante, que era descendiente de la casa de David, esposo de María y padre legal de Jesús. Sabemos que vivió con su familia en Nazaret, en donde era carpintero o algo semejante; sabemos que subió a Belén para empadronarse con su esposa, que estaba en cinta, y que Jesús creció bajo su tutela… Pero, sobre todo, sabemos que era un “hombre bueno”. No un “buen hombre” o un bonachón, sino un hombre según Dios, un JUSTO. Como Abrahán, a quien la fe en la promesa le fue computada como justicia.
Lo poco que nos dicen los evangelios de José vale infinitamente más que todas nuestras fantasías sobre el santo patriarca de Nazaret, y si sabemos escuchar podemos aprender mucho y sacar gran provecho para nuestra vida. Su silencio, su respeto, su obediencia, a la palabra de Dios, su fe y su justicia, su trabajo, su colaboración en la obra de Dios… es valioso para nosotros como creyentes.
De este modo, la liturgia de hoy nos presenta la fe viva como última profundidad de la condición del hombre bueno, porque es Dios donde él encuentra la fuente de la bondad. Y, también en Dios, encuentra la fecundidad de su vida: Apoyado en la esperanza creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones
. Ciertamente, las personas buenas de verdad suelen dejar a su alrededor y detrás de él prolongaciones de bondad: paz, confianza, ansia de ser mejores, deseo de ayudar a los demás, fe más sólida, fidelidad a Dios…
Que por la intercesión de San José, el Señor nos conceda ser hombres y mujeres buenos y así haga nuestras vidas muy fecundas ¡para bien de la iglesia, para bien de nuestra sociedad!.
Hermanos, hermanas: al celebrar hoy la fiesta de San José, del hombre justo y fiel, decidámonos todos a vivir más atentos a la voluntad de Dios para ponerla en práctica, como hizo San José.
Francisco Albuixech