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XXIX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (C) - DIUMENGE XXIX DURANT L'ANY (C)

HOMILÍA

Después de los dos domingos anteriores cuyos evangelios se centraban en el tema de la fe, hoy y el próximo domingo el tema es el de la ORACIÓN.

La fe, para mantenerse firme y comprometida, necesita de la oración, pues como decía el Papa Pío XII: la oración es la respiración del cristiano.

Tenemos que orar siempre, sin desanimarnos. Esta es la enseñanza que, según hemos oído en el evangelio, quería darnos Jesús con la parábola que acabamos de escuchar. Vale la pena que hoy, en este domingo, pensemos un poco para ver si en nuestra vida está presente esta oración constante y esperanzada.

Quizás hubo un tiempo en que creíamos que orar era decirle a Dios que necesitábamos esto o lo otro, y esperábamos que él nos lo arreglase, en lugar de ponernos a trabajar en ello: a veces la oración había consistido en pedir que nos tocase la lotería, o que aprobásemos el examen, etc… y todavía estaba quien lo hacía peor: quien llegaba a pedir a Dios cosas contra los demás, deseando que Dios dañara a un amigo. Colocábamos a Dios en lugar del médico o le pedíamos que fuese un mago que nos solucionase los problemas. Hoy todavía hay gente que para ellos orar es todo esto, y de ahí no pasan.

Hay que reconocer que orar no es eso. Pero entonces ¿qué es, pues, orar? ¿Qué tenemos que hacer para seguir esta enseñanza de Jesús que nos dice que debemos orar siempre? Es difícil responder a esta pregunta, ya que no está en dar una definición exacta de la oración, pues hay diversidad de formas de orar: desde la contemplación, pasando por toda una gama de formas, hasta la oración de petición; ahora lo que si es verdad es que no se puede mantener el tipo de oración que hemos dicho anteriormente. Una de las cosas que uno debe hacer para ponerse en el camino de la oración es llegar a creer muy adentro del alma que entre nosotros y nuestro Dios, entre los hombres y el Padre de todos, hay una corriente de amor profundo, de amistad muy verdadera, de deseo de compartirlo todo: las ilusiones y las esperanzas, las tristezas y los fracasos, etc…

Orar no significa comunicarle a Dios cosas que no sabe y tratar de inclinarlo a nuestro favor. Dios quiere nuestro bien más que nosotros mismos. Eso sí, lo quiere, seguramente, con mayor profundidad. Orar significa ponernos en la misma longitud de onda de él.

Hay que orar sin desanimarse… pero es evidente que no podemos pasarnos la vida en la iglesia, que no podemos dedicar hora tras hora a nuestros rezos. Entonces habrá que entender la oración como un modo de vivir y no tanto como actos concretos de nuestra vida. Orar siempre es vivir con sentido, llevar la vida a presencia del Dios que viene. Permanecer en la fe y en la esperanza del Dios que nos salva.

Sin embargo, orar es también hacer oración en el sentido que entendemos todos, ponernos en comunicación con Dios en las diversas formas que hay de oración: Celebración de la Eucaristía, tiempos de silencio, contemplación, etc…

Los cristianos y cristianas necesitamos orar, y no basta con decir que hoy no está en moda la oración, que los curas no hablan de la oración, que hay crisis de oración y como tal hay que dejar de orar. Todo esto no es cierto, hoy se sigue hablando de la oración, quizá no se hable ni se insista en un tipo de oración, pero si se habla dentro de la Iglesia de oración y de la necesidad de orar.

Hablando de oración, las personas que con frecuencia oran, tengan presente en esta semana en su oración: el Domund, las Misiones, esos países que se encuentran subdesarrollados. Participemos en la manifestación en Valencia ciudad POBREZA CERO el sábado 16 de octubre por la tarde.

Aprendamos a poner delante de Dios todo cuanto somos y queremos. Aprendamos a vivir siempre sin desanimarnos, sin perder la esperanza. Aprendamos a caminar en la comunión amorosa de nuestro Padre. Porque su Reino está entre nosotros, porque su amor se ha derramado en nuestros corazones, porque sus promesas no pueden fallar. Ahora, en esta Eucaristía, participemos de nuevo en el sacramento del amor. Demos gracias y pidamos al Señor que no enseñe a ORAR…

Francisco Albuixech

La ingratitud es obra del ego. El egocentrismo del ego le impide ser verdaderamente agradecido para con los demás… e incluso para con Dios… Admitir que algo podría ser un don no merecido es admitir que uno podría depender de otra persona. No hay regalo gratis. Nadie regala nada.

Albert Nolan

Dios, Padre, que nos amas
y nos das una consolación eterna,
una buena esperanza en Jesucristo,
afianza en nosotros toda obra buena.

Dios, Padre, que con tu gracia
nos capacitas para dar el mejor fruto,
concédenos dar frutos de paz y de justicia.

Dios, Padre, que nos has admitido
a la comunión contigo y tu Hijo,
ayúdanos a comulgar con los hermanos.

hoja de Eucaristía

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]