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I DOMINGO DE ADVIENTO (A) - DIUMENGE I D'ADVENT (A)

HOMILÍA

Estad en vela para estar preparados

El tiempo de Adviento presenta un doble aspecto:

1º.- Por una parte es tiempo de preparación a las solemnidades de la navidad en la cual se conmemora la primera venida del Hijo de Dios.

2º.- Por otra parte, con este recuerdo, se dirige nuestra atención hacia la espera de la segunda venida del Señor al final de los tiempos.

Por esta razón el tiempo de Adviento se presenta como el tiempo de la alegre ESPERANZA. Esta es la mayor característica del adviento, la espera en el Señor. Pero si nosotros echamos una mirada a nuestro alrededor y también a la sociedad, captaremos que las personas no han depositado su esperanza en el Señor, por lo menos no son esos los signos, quizá sea que las personas sacudidas por los cambios acelerados que hoy transforma la vida, la cristiandad sufre sus crisis dentro de la crisis de esta sociedad incierta e insegura; todo esto influye para que el hombre y la mujer esperen tan poco al Señor Jesús como Salvador.

Por otra parte vemos en el ámbito religioso algunos comentarios diciendo que nos quitan la fe, otros temen que muera, algunos aseguran que solo muere la fe que nunca existió, la fe falsa… Pero lo que se dice fe, no la tienen los muchísimos bautizados que, practicantes o no, son sólo, número.

En estas circunstancias y en este ambiente nos podemos preguntar: ¿Qué mensaje puede traernos el adviento a los cristianos de hoy?, ¿hemos pensado que hoy entramos en el adviento?, ¿se capta en el ambiente de los cristianos que Jesús está entre nosotros y a la vez esperamos su segunda venida?, ¿nos dice algo el adviento, si o no?.

Ante estas reflexiones a la entrada del adviento 2010 acerquémonos a las lecturas de este domingo para ver lo que nos dice la Palabra de Dios:

En la primera lectura Isaías despliega ante nuestros ojos el gran sueño de los creyentes, sueño que será realidad en el día del Señor: La unión de todos los pueblos en el encuentro de Dios. No se trata de una conversión repentina, sino del esfuerzo de todo hombre por la construcción del Reino de Dios aquí, por lo que cada uno de nosotros hayamos trabajado y trabajemos por la construcción del Reino.

San Pablo nos da normas en la segunda lectura para caminar en la construcción del Reino de Dios, bajo la luz del Señor. Nos dice que dejemos las obras malas, ¿qué obras son estas de las que habla San Pablo?. Las que van en contra del bien, las que a lo largo de este año litúrgico pasado hemos hablado y reflexionado los domingos. Nos dice Pablo que dejemos eso y hagamos el bien, nos revistamos del Señor Jesús.

Las palabras de Jesús son siempre realistas: vivir, trabajar… Este es el programa, vida normal. Solo algo queda en pie: la necesidad de vivir en tensión la ESPERA VIGILANTE DEL SEÑOR.

No estemos dormidos, confiando en que los demás tienen que trabajar por nosotros. Mirad que el concepto de Paz y Esperanza que nos hablan las lecturas de hoy no coinciden con la idea que las noticias nos dan de paz. Hablan de paz y a la vez venden armamento para hacer la guerra, ¿qué contraste es este?. La paz de Isaías que nos habla hoy tiene otro sentido: De las espadas forjarán arados; de las lanzas podaderas, ya veis como no es lo mismo, la paz de Dios es otra cosa…

Que este primer domingo de adviento nos haga reflexionar y cuestionarnos sobre nuestro cristianismo que vivimos cada uno de nosotros.

¿Qué esperamos?,¿estamos satisfechos con lo que nos ha dado y nos está dando esta sociedad? ó ¿esperamos otra cosa?...

Sigamos celebrando esta Eucaristía y ahora al recitar todos juntos la profesión de FE que sea verdad en el interior de nosotros lo que decimos con los labios.

Francisco Albuixech

Adviento nos advierte de un viento que se acerca. Es el viento del amanecer que, en verano, refresca y reconforta. Es el aire caliente que en invierno derrite nuestros hielos y enciende el alma para salir a la intemperie de este mundo y anunciarle su reconciliación con la esperanza.

Hoja Eucaristía, 28-ll010

Te espero tanto en el fondo de las catedrales enredadas
en sus tracerías como en los agresivos acantilados.
En el mar que han llenado de escudos de oro los poetas
y en las columnas que yacen derribadas por el miedo,
desde mi infancia te espero.
Y vienes cada día –parece que acercas– para saber de mí
como yo sé de Ti.
Y el hambre de los niños del mundo me busca
y en ella te busco yo y no te encuentro.
Y pregunto ¿por qué?, ¿por qué?, y me miro las manos,
y me parecen de lluvia con azufre y de nieve pisada.
Tú eres mi Dios, quiero gritar
y que los sordos de la pasión me oigan.
Te espero porque sólo Tú podrás explicarme un día
los insistentes encuentros que he tenido con la tristeza.

José García Nieto

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]