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JUEVES SANTO - DIJOUS SANT

HOMILÍA

Los amó hasta el extremo

Hemos llegado al final de la Cuaresma, tiempo que hemos dedicado a la reflexión de la Palabra de Dios más intensamente que en otros tiempos litúrgicos.

La primera lectura de hoy, el libro del Éxodo, nos ha recordado el origen y la evolución de la celebración de la Pascua Judía. En principio fue una fiesta litúrgica de pastores, andando el tiempo se convirtió en un rito puesto en relación con la gran experiencia religiosa de la liberación de Egipto. Para este pueblo la Pascua actualizaba cada año la salida de la esclavitud y la marcha hacia la tierra prometida.

En la segunda lectura San Pablo nos ha dicho que es portador de una tradición que procede del Señor, pero que él la ha recibido probablemente de la comunidad de Antioquia. Pablo transmite ahora esa tradición a la comunidad de Corinto.

La alusión que hace Pablo a la institución de la eucaristía está al servicio de una reforma que llega a ser necesaria en Corinto. El Señor instituyó la eucaristía dentro del marco de una comida entre amigos. Así es como se celebraba en las primeras comunidades cristianas, y también en Corinto. Pero esto dio lugar a ciertos abusos: cada uno comía de sus provisiones, sin ponerlas en común y compartirlas con los hermanos y hermanas. Incluso algunos hacían obstentación de ricos manjares delante de los más pobres. De ahí que la Cena del Señor, que había sido instituida como señal de una convivencia fundada en el amor, se había convertido en un motivo de discordia. Como dice Pablo en este contexto, esto ya no es celebrar la cena del Señor.

El evangelio de San Juan nos ha presentado el lavatorio de los pies como algo más que un episodio ocurrido en la última cena. Es todo un signo de la vida y de la muerte de Jesús, de su misión entera, que se cifró en amor y en servicio a los hombres y mujeres.

Nosotros siguiendo esa tradición del Maestro también nos hemos reunido, en este Jueves Santo 2011, para celebrar un año más la Eucaristía que Él nos dejó como memorial de su Muerte y Resurrección y también como signo de su presencia viva entre nosotros. Los evangelistas nos transmiten tres gestos que hemos de tener en cuenta en el día de hoy:
    - La Institución de la Eucaristía.
    - El sacerdocio.
    - El lavatorio de los pies a los discípulos.

Estos gestos están unidos por un significado que es único y común: El AMOR; un amor que es entrega, donación, servicio, etc…

Vale la pena que esta tarde pensemos serenamente, porque este y no otro es el punto de referencia que nos ha dejado Jesús para todos aquellos que quieran ser sus amigos: Si yo os he lavado los pies, también vosotros debéis hacer lo mismo unos a otros.

Así fue el contexto de la primera Eucaristía, ¿es también el de nuestras Eucaristías así?, ¿vivimos nosotros la Eucaristía de esta forma como nos la ha dejado el Señor?. El haber renunciado a la celebración de la eucaristía en el marco de una comida entre hermanos, puede significar que los cristianos hemos resuelto el conflicto separando el culto de la vida. Pero un culto separado de la vida tampoco es celebrar la cena del Señor, como les pasaba a los cristianos de Corinto.

El distintivo de los cristianos es el amor, la construcción del Reino, así nos lo dejó Él. Y así lo vivieron las primeras comunidades cristianas, y así seguimos diciendo que hoy el distintivo de los cristianos es el amor, pero ni nos distinguimos ni nos distinguen precisamente por el amor fraterno. Sin embargo, si queremos conocer la seriedad, la verdad de nuestra fe, no tenemos otra alternativa que revisarnos el amor que tenemos, no a nosotros, sino a los demás… Preguntémonos cada uno de nosotros, que nos hemos reunido en esta tarde del Jueves Santo, sinceramente si nuestro amor corresponde de verdad a esto que estamos realizando y si lo transmitimos en el ambiente que nos desenvolvemos diariamente.

La eucaristía es el memorial del amor de Cristo a los hombres y mujeres. Nuestra participación hoy a de ser signo de nuestra decisión de luchar en el mismo combate, de ser colaboradores suyos en la construcción del Reino, trabajando por una sociedad más justa, más libre, más humana, donde no haya más derramamiento de sangre, ni haya terrorismo ni secuestros, ni haya paro, ni tanto hambre, ni delincuencia juvenil, y así podríamos seguir con un etc… muy largo. Hemos de trabajar porque haya más paz, más convivencia, más igualdad en el trabajo y en el sueldo, más calor humano, ¿sentimos nosotros este compromiso?... Pues sigue resultando escandaloso que comamos juntos de un mismo pan, que es símbolo de amor y de unidad fraterna, y después cada uno se desentiende del otro. Cierto, que todo esto no es celebrar la Cena del Señor. En los cristianos, como he dicho antes, se ha hecho muy patente la separación de la mesa y la Misa, llegando a ser la expresión clara de una mentalidad que pretende disociar la comunión con Dios y la comunión con los hombres y mujeres, el culto y la vida, el amor a Dios y el amor al prójimo. Según esta forma de entender el cristianismo, tan arraigada, uno puede entenderse con Dios de 11 a 12 todos los domingos y desentenderse del prójimo todos los días y todas las horas…

Para el cristiano de verdad la Eucaristía ha de ser la celebración, la expresión de una vida como servicio, como entrega de una comunión con los hechos de la vida cada vez más auténtica, más total…

Que esta tarde de Jueves Santo, nos ayude el Señor a ser más sinceros con nosotros mismos y con las personas, a crecer más en la fe y a amar más de verdad a esta sociedad nuestra que necesita más alegría, más trabajo, más solidaridad…

Termino invitando a todos y a todas a participar en las celebraciones de estos días. A completar lo que hemos iniciado hoy, a llegar a la Resurrección, en comunidad. Rompamos esa mentalidad de participar sólo el Jueves Santo. La Vigilia Pascual es la celebración más importante de todo el año litúrgico. Procuremos romper la pereza y comodidad y participemos en las celebraciones de estos días Santos.

Francisco Albuixech

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]