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III DOMINGO DE PASCUA (A) - DIUMENGE III DE PASQUA (A)

HOMILÍA

Lo reconocieron al partir el pan

Los discípulos de Emaús caminaban decepcionados. Estaban de vuelta. Habían vivido grandes entusiasmos con aquél que ellos esperaban que fuera el mesías liberador. Habían puesto toda su confianza en él. Le habían visto hacer obras poderosas. Le habían escuchado hablar como nadie habla. Habían sido testigos de que le seguía mucha gente. Habían vivido momentos enormemente esperanzadores. Nosotros esperábamos que fuera el futuro liberador de Israel.

Pero todo eso había llegado a su fin. El camino hacia Emaús es el camino de la decepción, de la frustración. Aquella esperanza había caído a la tierra. La fe de aquellos discípulos ha de pasar por la oscuridad. Toda la conversación de los discípulos refleja la impotencia de un ideal desinflado, la impotencia de un empeño frustrado.

Toda fe ha de vivir un proceso. La experiencia del Resucitado no se impone, no es controlable. Es un proceso que en lo oculto se va desvelando. Hay que pasar por la experiencia del Viernes Santo para llegar a la fe en el Resucitado.

En este proceso de fe destacaríamos tres elementos importantes partiendo de la experiencia en el Resucitado:

1.- El primer elemento en el proceso de fe es la Palabra. Les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Por la Palabra aprendemos el estilo de Dios. La Palabra nos introduce en el modo de hacer las cosas que Dios quiere. Nuestra fe ha de entender, como los discípulos de Emaús que el reino no se realiza según nuestros pensamientos, según nuestros esquemas de poder. Que la fuerza de la actuación de Dios y su presencia en medio de nosotros pasa por la cruz. Que el Mesías tenía que padecer para entrar en su gloria. Sólo la Palabra nos educa para entender los caminos de Dios.

2.- El segundo elemento es la Eucaristía. Cuando Jesús entra para quedarse con ellos, toma el pan, lo parte y se lo da, es entonces cuando se les abren los ojos. Entonces le reconocen. La Eucaristía es el signo más claro del Resucitado.
Cada domingo celebramos la Eucaristía. Creemos que el pan y el vino se hacen presencia del Resucitado. Y reunidos en comunidad percibimos su presencia entre nosotros. Se nos ilumina el corazón. Ya nada es igual. Nuestra fe va madurando y cada vez se hace más adulta.

3.- Y hay todavía un elemento más, donde el Resucitado se hace presente. Cuando la Palabra y la Eucaristía nos iluminan el corazón, aprendemos a percibir al resucitado en ese hermano que camina junto a nosotros. Es difícil creer que el pan y el vino son presencia del Resucitado. Es también difícil de creer que ese hermano necesitado o abandonado o drogadicto sea presencia del Resucitado.

Sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Iluminados por la Palabra de Dios y por la Eucaristía, vamos a ir mirando en torno nuestro. Jesús camina con nosotros. En todos los hermanos y hermanas que caminan hacia Emaús, ve el Resucitado. No miremos lejos. No miremos arriba.. Miremos junto a nosotros. Está en ese hermano y hermana quien nadie toma en consideración. Miremos adentro. Está en nuestro propio corazón.

Cuando le han reconocido, los discípulos vuelven sobre sus pasos. Le habían reconocido. Hacen el mismo camino, pero ahora su corazón respira vida. Ahora corren. Ahora les arde el corazón.

Hermanos, hermanas, no seamos torpes para entender. Dejemos que el Espíritu Santo nos abra el corazón. Que la Palabra nos ilumine. Que el partir el pan sea un gesto que nos haga entender. Que aprendamos a mirar a los hermanos y hermanas y a compartir con ellos nuestro camino y nuestro gozo. Que esta Eucaristía nos haga avanzar en el proceso de fe.

Francisco Albuixech



Jesús resucitado es la presencia victoriosa y definitiva del amor de Dios en la historia humana. “Jesús ha resucitado” es el centro de nuestra fe. La comunidad va cayendo en la cuenta de que existen momentos en los que se hace presente el Señor resucitado y en los que se le puede reconocer. En el relato de Emaús: ¿Dónde está vivo? En el camino de la vida, en las Escrituras, en la acogida del forastero, en el partir el pan, en los hermanos. Es la experiencia mística de un encuentro.

Eucaristía, 8 de mayo de 2011



Camino que uno es,
que uno hace al andar.
Para que otros caminantes
puedan el camino hallar.
Para que los atascados
se puedan reanimar.
Para que los ya perdidos
nos puedan reencontrar.
Haz del canto de tu pueblo
el ritmo de tu marchar.

Pedro Casaldáliga, obispo

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]