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SANTÍSIMA TRINIDAD (A) - SANTÍSSIMA TRINITAT (A)

HOMILÍA

Dios mandó su Hijo para que el mundo se salve por él

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros. (2ª Cor. 13,13) Celebramos hoy la solemnidad de la Santísima Trinidad. A muchas personas con sólo oír el nombre de Trinidad les viene a la memoria la imagen de un jeroglífico teológico imposible de comprender. Una especie de enredo de conceptos e ideas que difícilmente nunca las podremos alcanzar con nuestra mente. Pero cuando hablamos de la Trinidad estamos hablando de una realidad que no es primeramente el resultado de un esfuerzo intelectual por parte de la Iglesia, sino que es fruto del contacto de los hombres con Dios.

Al celebrar hoy la liturgia de la Trinidad hemos de destacar la importancia de un Dios que es amor, y por eso mismo se entrega de forma gratuita a los hombres en Cristo, impulsado por el Espíritu Santo. Ahora, este Espíritu dado a los hombres solamente actúa en los que son capaces de amar, es decir, en los que son fieles a Dios; en los que toman en serio el mandamiento del amor.

Dios se ha revelado como Padre, Hijo y Espíritu y a través de estos hechos salvíficos, es como nosotros hemos de ir caminando guiados por ese Dios que sale de sí mismo para darse al Hijo en el Espíritu Santo. En El no encontramos egoísmo, orgullo, amor propio… sino amor, donación, comprensión, etc…

Si miramos la sociedad de hoy veremos como los hombres y mujeres ensayan modelos nuevos de convivencia, p.e. los movimientos de jóvenes que buscan nuevas formas de relacionarse, estudiantes viviendo juntos, etc… rompen con formas de vivir arcaicas que hoy no tienen sentido para ellos. También sucede este fenómeno con los grupos de cristianos, aunque todavía en grupos reducidos, se esfuerzan por buscar formas nuevas de vivir el evangelio, Esto supone salir de uno mismo y amar a las personas, ya que es un riesgo el hacer de pioneros en una sociedad de cristiandad. Muchos dicen y quieren ser cristianos, pero que no les molesten ni le comprometan para nada, se conforman con el cumplimiento dominical. No se quiere oír la voz de Espíritu que nos empuja a ser hombres y mujeres conscientes y comprometidos con esta sociedad de hoy y con nuestra Iglesia. La otra postura es más cómoda, más relajada pero no más feliz.

En Cristo nosotros hemos visto a Dios, ya que aquella humanidad es la humanidad de la Segunda Persona de la Trinidad. Esta carne es tanto Él como su divinidad. En Cristo, literalmente, Dios camina con nosotros. Dios se hace cotidiano. Dios comparte nuestra suerte de seres humanos.

El Padre también nos ha enviado, a través del Hijo, al Espíritu Santo. El Espíritu es una Persona Divina, no es una fuerza. Es una persona, que nos comunica la vida del Resucitado. El Espíritu Santo es quien renueva y vivifica a la Iglesia.

Dios no es un solitario, es una comunión de amor y vida; son tres personas que comparten la única esencia divina. Cada persona divina se da por entero a las otras dos, vive para servirlas y amarlas, así es nuestro Dios. Nos enseña y nos transmite como hemos de relacionarnos y tratarnos los seres humanos, nos de ejemplo.

Esta reflexión nos debe de estimular a no cerrarnos a nuestra forma de vida, sino a descubrir los signos del Evangelio.

Termino con las mismas palabras que el Padre Nereo Silanes, Trinitario, termina su tratado de Trinitatae: Si Cristo, vino a decirnos, dirigíos a la Trinidad, los cristianos debemos ser flecha indicadora que a todos señale el camino, la dirección única para salvarse: LA TRINIDA.

En este domingo 19 de Junio, solemnidad de la Santísima Trinidad, nuestro Arzobispo D. Carlos nos invita a unirnos, a toda la Iglesia que celebra la Jornada “Pro orantibus” de la vida consagrada contemplativa. El lema de este año: “Lectio Divina, un camino de luz”, nos invita agradecer a Dios esa presencia silenciosa, confiada, escondida y contínua, de tantas personas que presentan al Señor su oración por toda la Iglesia y por todas las necesidades de toda la humanidad, invitándonos también a unir nuestra oración a la de todos ellos y ellas.

Termina la carta de nuestro Arzobispo: Pidamos por todas las personas consagradas contemplativas, por su entrega y fidelidad a Dios, y para que con su ejemplo muchos jóvenes consagren su vida al servicio de nuestro Señor.

Francisco Albuixech



Dios Todopoderoso y Santo,
a ti quiero ir y a ti orar.
Quiero confesarte a ti,
Padre, Hijo y Espíritu Santo;
quiero alabarte, bendecirte, adorarte.
Quiero darte gracias por tu inmensa gloria.
¿Qué puedo decirte a ti, Dios mío?
¿Debo buscar todas las palabras
que ensalzan tu santo nombre,
debo darte todos los nombres de esta tierra a ti?
Mira, oh Dios, me presento ante tu rostro:
Dios santo, Dios justo, Dios que eres la verdad,
La Fidelidad, la Sinceridad, la Justicia, la Bondad.
Ten compasión de mi pobre corazón.

Kart Rahner


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