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XVII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (A) - DIUMENGE XVII DURANT L'ANY (A)

HOMILÍA

Vende todo lo que tiene y compra el campo

Las parábolas iniciadas hace dos domingos se acaban hoy con las tres últimas parábolas del capítulo 13 de Mateo: el tesoro escondido, la perla fina, la red que recoge de todo. La primera lectura presenta la petición de Salomón: discernimiento para gobernar el pueblo de Dios. Como segunda lectura continuamos el c. 8 de la carta a los Romanos la llamada de Dios nos hace siempre imágenes vivas de su Hijo.

Al acabar el discurso en parábolas, Jesús pregunta a los discípulos: ¿Entendéis bien todo esto?. Nos lo pregunta también a nosotros. Entender de verdad se hace más con el corazón que con la inteligencia. Del corazón viene la buena disposición a escuchar la Palabra para que pueda crecer en nosotros y dar fruto. Al exponer como prioritaria la venta de todo lo que se tiene para obtener el tesoro o la perla, se indica una manera nueva de ver las cosas, (conversión). En cuanto a la red que recoge de todo a su paso, subraya un aspecto complementario: las ambigüedades inherentes a la Iglesia. Los hombres y mujeres han de escoger su camino, pero la Iglesia no ha de elegir a las personas, porque la elección viene de Dios. Como en parábolas anteriores se remarca la alegría del evangelio, pero también la seriedad de su exigencia.

Y de este proyecto nos esta hablando en estos tres últimos domingos con la fórmula clásica judía el Reino de los cielos se parece a. Sabemos que el judío evita en lo posible pronunciar el nombre de Dios. Reino de los cielos, es, para el judío creyente, el Reino de Dios, y para todos los creyentes de todos los tiempos el proyecto de Dios. Jesús se ha entregado a él con todas sus fuerzas, nos lo da a conocer con el lenguaje sencillo de las parábolas y nos invita a entrar a formar parte de los constructores de ese Reino. Esa fue la pasión de Jesús, y esa es nuestra tarea y nuestro orgullo: ser nada menos que colaboradores gozosos de la obra de Dios, de su proyecto sobre el mundo.

No era fácil creer a Jesús. Algunos se sentían atraídos por sus palabras. En otros, por el contrario, surgían no pocas dudas. ¿Era razonable seguir a Jesús o una locura? Hoy sucede lo mismo: ¿merece la pena comprometerse en su proyecto de humanizar la vida o es más cómodo ocuparnos cada uno de nuestro propio bienestar?. Mientras tanto se nos puede pasar la vida sin tomar decisión alguna.

El reino de Dios está 0culto. Muchos no han descubierto todavía el gran proyecto que tiene Dios de un mundo nuevo. Sin embargo, no es un misterio imposible de alcanzar. Está oculto en Jesús, en su vida y en su mensaje. Una comunidad cristiana que no ha descubierto el reino de Dios no conoce bien a Jesús, no puede seguir sus pasos.

El descubrimiento del reino de Dios cambia la vida de quien lo descubre. Su alegría es desbordante. Ha encontrado lo esencial, lo mejor de Jesús, lo que puede transformar su vida. Si los cristianos no descubrimos el proyecto de Jesús, en la Iglesia no habrá alegría.

Los dos protagonistas de las parábolas toman la misma decisión: venden todo lo que tienen. Nada es más importante que buscar el reino de Dios y su justicia. Todo lo demás viene después, es relativo y ha de quedar subordinado al proyecto de Dios.

Esta es la decisión más importante que hemos de tomar en la Iglesia y en las comunidades cristianas: liberarnos de tantas cosas secundarias para comprometernos en el reino de Dios. Despojarnos de lo superfluo. Olvidarnos de otros intereses. Saber perder para ganar en autenticidad. Si lo hacemos, estamos colaborando en el proyecto de Dios.

Que esta Eucaristía nos ayude a descubrir el reino de Dios, descubrir a Cristo, exige renunciar a todo lo que es incompatible con él, pues para quien ha descubierto el valor supremo, todo lo demás carece de valor.

Francisco Albuixech



El que escribe estas páginas ha conocido la desconfianza , la soledad e incluso el destierro. Solo se ha “mantenido en pie”, sostenido por la esperanza invencible que la oración de los salmos ponía cada día en su corazón y en sus labios. Solo pudo salir de la noche por la misericordia de Dios, y por el ejemplo de vidas cristianas vividas en la pobreza y en el olvido de sí, sobre todo, por el ejemplo de su madre, que le repetía: El secreto de la felicidad radica en hacer el deber propio y en procurar encontrar en eso la alegría.



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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]