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XVIII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (A) - DIUMENGE XVIII DURANT L'ANY (A)

HOMILÍA

Comieron todos hasta quedar satisfechos

Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí. Empieza una nueva sección. La anterior se centraba en el misterio del Reino. Durante unos domingos el centro será comunidad de los discípulos, la Iglesia.

El evangelista Mateo no se preocupa de los detalles del relato. Solo le interesa enmarcar la escena presentando a Jesús en medio de la gente en actitud de compasión. Lo hace también en otras ocasiones. Esta compasión está en el origen de toda su actuación.

El evangelio que acabamos de escuchar es el relato conocido como la multiplicación de los panes, aunque para algunos es más acertado el título de reparto de los panes. Jesús se entera de que alguien ha dicho a Herodes que Él, Jesús, es Juan Bautista, que había sido asesinado por Herodes y había resucitado; y se marcha a un lugar despoblado. Cuando llega Él, se encuentra con que lo esperaba una gran multitud. Jesús al verla, le da lastima y se puso a curar a los enfermos. Se hace tarde, además, se encuentra en despoblado y no habían traído nada para comer. Los discípulos le proponen a Jesús que los despida, que vayan a las aldeas y se compren comida. Jesús les responde: no necesitan ir, dadles vosotros de comer. Seguramente quedarían sorprendidos, y en medio del asombro le dicen: aquí solo tenemos cinco panes y dos peces. Jesús pide que se los lleven y que se sienten y, tomando los cinco panes y los peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición; comieron todos y aun sobró doce cestos.

En un mundo donde mueren de hambre millones de personas, los cristianos solo podemos vivir avergonzados. Europa no tiene alma cristiana y despide como delincuentes a quienes vienen buscando pan. Y, mientras tanto, ¿quiénes son en la Iglesia los que caminan en la dirección marcada por Jesús?. Por desgracia, la mayoría vivimos sordos a su llamada, distraídos por nuestros intereses, celebraciones, etc… ¿Por qué nos llamamos seguidores de Jesús?.

Dos eran los problemas más angustiosos en las aldeas de Galilea: el hambre y las deudas. Era lo que más hacía sufrir a Jesús. De ahí que la escena de la multiplicación de los panes hace referencia al éxodo. Mateo nos presenta a Jesús como el Moisés que los hombres y mujeres anhelamos y necesitamos. La misión de Jesús incluye la realización de un nuevo éxodo, de un nuevo proceso de liberación. Hoy, al igual que en tiempos de Jesús, la mayor de las esclavitudes de nuestro mundo es el hambre. Por esto este evangelio sirve como modelo del proceso de liberación que propone Jesús.

La tierra de la esclavitud en nuestro mundo es esta sociedad nuestra, simbolizada en las ciudades y aldeas, de las que procede la gente; allí rige la ley del mercado, simbolizada en el comprar y, quien no puede comprar, tiene que pasar hambre. Salir de esta tierra de esclavitud, romper con ese sistema es dar comienzo al nuevo éxodo, es emprender de nuevo el camino hacia la libertad, hacia la tierra prometida, a una tierra liberada de los ídolos del poder y el tener, que es lo que genera esclavos, a una tierra fundamentada en el amor y en el compartir.

No lo hemos de olvidar. Si vivimos de espaldas a los hambrientos del mundo, perdemos nuestra identidad cristiana; no somos fieles a Jesús; a nuestras comidas eucarísticas les falta su sensibilidad, les falta su compasión. ¿Cómo se transforma una religión como la nuestra en un movimiento de seguidores más fieles a Jesús?.

El milagro de la multiplicación de los panes es también signo de un milagro mucho más grande que Cristo realiza a lo largo de toda la historia: la multiplicación del Pan Eucarístico. A lo largo de las generaciones, Jesús continúa saciando el hambre de los hombres y mujeres a través del Pan convertido en cuerpo suyo. En la Eucaristía recibimos aquel infinito que es el único capaz de saciar el hambre infinito de nuestro corazón.

Francisco Albuixech



Los millones de hambrientos y desnutridos gritan contra la calidad de nuestro pan, pues es un pan amargo, lleno de lágrimas y sufrimientos. No tiene la calidad necesaria para ser pan nuestro

Hoja Eucaristía, 31 de Julio de 2011



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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]