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XXX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (A) - DIUMENGE XXX DURANT L'ANY (A)

HOMILÍA

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

Hoy, en este domingo 23 de octubre, celebramos la jornada mundial de las misiones, o más conocido por el domingo del DOMUND. Como el Padre me ha enviando, así también os envío yo (Jn 20,21), es el lema elegido por Benedicto XVI para este día. El Papa nos recuerda que el envío de Jesús a los suyos: Id y anunciad el evangelio se reaviva contínuamente por la celebración de la liturgia, especialmente de la Eucaristía. La liturgia es siempre una llamada desde el mundo y un nuevo envío al mundo para dar testimonio de lo que se ha experimentado. Todos aquellos que se han encontrado con el Señor resucitado han sentido la necesidad de anunciarlo a otros. Citando a Pablo VI: La Iglesia existe para evangelizar. Según el Concilio Vaticano II: La Iglesia es esencialmente misionera. La Iglesia, que somos todos los cristianos, tiene la misión de vivir y anunciar el evangelio de Cristo. COMO EL PADRE ME HA ENVIADO, ASÍ TAMBIÉN OS ENVÍO YO.

En las palabras y en la acción de Jesús, evangelizar y pobres van íntimamente unidos. Así aparece en el texto de la sinagoga de Nazaret, y en la respuesta de Jesús a los discípulos de Juan: Id anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Y dichoso el que no se escandalice de mí.

A lo largo de la vida de la Iglesia esta preocupación por los pobres ha estado siempre presente, desde los escritos neotestamentarios: si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano pasar necesidad, le cierra sus entrañas, cómo va a estar en él el amor de Dios I Jn 3,l7, hasta nuestros días. Textos, cartas y homilías de los Santos Padres, como la conocida de san Juan Crisóstomo: ¿Quieres de veras honrar al Cuerpo de Cristo? No consientas que esté desnudo. No le honréis con sedas en la Iglesia, dejándoles perecer fuera de frío y desnudez. Porque el mismo que dijo “Esto es mi cuerpo”, afirmó también: Tuve hambre y no me distéis de comer. Francisco de Asís, identifica en su persona evangelio y pobre, desposándose con la dama pobreza. Y tantos otros.

Juan XXIII, en su mensaje a todo el orbe católico, se expresó en vísperas del Concilio: La Iglesia se presenta como es y quiere ser, como la Iglesia de todos y, particularmente, la Iglesia de los pobres. Fruto de este espíritu, al acabar el Concilio, un grupo anónimo de Obispos redactaron una serie de compromisos que se obligaban a llevar a efecto a penas volvieran a sus diócesis. Entre otras cosas decían: Trataremos de vivir según el modo ordinario de nuestra población. Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, especialmente en los ornamentos e insignias de materia preciosa. No poseeremos bienes y, si es preciso poseer, lo pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras de caridad. Rehusamos ser llamados por nombres y títulos que significan grandeza y poder. Preferimos ser llamados con el nombre de Padre.

Hoy la Iglesia sigue dando testimonio de pobreza, de entrega a los pobres, en muchos ámbitos de su presencia. Y nos anima en este domingo de misiones a hacer lo mismo. Una Iglesia que aparece como rica y unida al poder será siempre causa de escándalo para muchos. El mundo exige y espera de nosotros sencillez de vida, espíritu de oración, caridad para con todos, especialmente para los pequeños y los pobres, desapego y renuncia de los bienes materiales. Sin estos signos, la palabra de la Iglesia y de los cristianos difícilmente encontrará acogida en los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Corre el riesgo de hacerse vacía e infecunda.

Francisco Albuixech



Este problema de cómo evangelizar es siempre actual, porque las maneras de evangelizar cambian según las diversas circunstancias de tiempo, lugar, cultura; por eso plantean casi un desafío a nuestra capacidad de descubrir y adaptar.

Pablo VI, “En 40”



Nos envías por el mundo a anunciar la Buena Nueva, mil antorchas encendidas y una nueva primavera.
Si la sal se vuelve sosa, ¿quién podrá salar el mundo. Nuestra vida es levadura, nuestro amor será fecundo.
Siendo siempre tus testigos cumpliremos el destino, sentimientos de esperanza y alegría los caminos.
Cuanto soy y cuanto tengo la ilusión y el desaliento, yo te ofrezco mi semilla, y Tú pones el fermento.

Cesáreo Gabarín



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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]