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XXXI DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (A) - DIUMENGE XXXI DURANT L'ANY (A)

HOMILÍA

No hacen lo que dicen

Después de las polémicas de los representantes de la religión judía con Jesús, que vimos los últimos domingos, hoy el mismo Jesús dirigiéndose ahora a la gente y a sus discípulos, indica, por contraposición, el estilo que ha de caracterizar a sus seguidores.

En relación a los fariseos y a los encargados de interpretar la ley de Moisés les dirige tres graves censuras: 1) no hacen lo que dicen, a la vez que lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar… 2) todo lo que hacen es para que los vea la gente, y 3) piensan que la dignidad de una persona recae en su poder, en su situación social, etc mientras que para Jesús el primero entre vosotros será vuestro servidor.

El fariseísmo había dividido la sociedad entre los que enseñaban y los enseñados, los que dictaban normas y los que tenían que cumplirlas. Los fardos pesados e insoportables eran la multitud de prescipciones e interpretaciones que habían añadido a la Ley.

¡Qué oportuno resulta el evangelio de hoy en el marco de la sociedad, y a veces también de una Iglesia, que viven de la imagen, la apariencia y la ostentación! ¡Cuántas veces los árboles no nos dejan ver el bosque; o queremos plantar bosques sin árboles, y solamente crecen matorrales!.

En la comunidad de Jesús nadie es propietario de su enseñanza. Nadie a de someter doctrinalmente a otros. Todos son hermanos que se ayudan a vivir la experiencia de un Dios al que precisamente, le gusta manifestarse a los pequeños.

Pocas exhortaciones evangélicas han sido ignoradas o desobedecidas tan frontalmente como esta a lo largo de los siglos. Todavía hoy en la Iglesia se vive muchas veces en contradicción con el evangelio. Es tal el número de títulos, prerrogativas, honores y dignidades que no siempre es fácil vivir la experiencia de auténticos hermanos.

Los discípulos de Jesús tenemos que ser hermanos, pero por desgracia hay aún entre nosotros compartimentos, clases y privilegios que no responden a unos seguidores de Jesús. No tendría que ser así. En la Iglesia, en nuestras comunidades y en grupos cristianos, tenemos que sentirnos con toda libertad los unos para con los otros. Nadie es maestro ni padre ni jefe. Somos un pueblo de hermanos con un mismo Padre, un Señor y Maestro. De ahí que todo cargo, desde el Papa hasta el último cristiano encargado de un servicio comunitario como un grupo de catequesis, un servicio litúrgico, cáritas, etc… deben ser realizados con espíritu de servicio y sintiéndose hermanos unos de otros.

No son pocos los que se han alejado de la fe, escandalizados o decepcionados por la actuación de una Iglesia que, según ellos, no es fiel al evangelio ni actúa en coherencia con lo que predica. También Jesús criticó con fuerza a los dirigentes religiosos: No hacen lo que dicen. Sólo que Jesús no se quedó ahí. Siguió buscando y llamando a todos a una vida más digna y responsable ante Dios.

La Iglesia tendrá que cambiar mucho, pero lo importante es que cada uno reavivemos nuestra fe, que aprendamos a creer de manera diferente, que no vivamos eludiendo a Dios, que sigamos con honestidad las llamadas de la propia conciencia, que también nuestra manera de mirar la vida, que descubramos lo esencial del evangelio y lo vivamos con gozo.

Finalmente, vale la pena recalcar también otra afirmación de Jesús en el evangelio de hoy: el primero entre vosotros sea vuestro servidos. No es la primera vez que Jesús hace esta observación, y todos recordamos, en Mateo 20, 17-28, cómo se pronunció en la discusión que mantenían sus discípulos, después de que Salomé, la madre de los Zebedeos, pidiera para sus hijos Santiago y Juan los mejores lugares en el Reino. Fue en este contexto que Jesús sentenció: quien quiera ser el primero, sea vuestro servidor… que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir….

Que esta celebración de la Eucaristía, centro de la vida cristiana, que nos convoca cada domingo como pueblo que camina, nos ayude y estimule a sentirnos hermanos y hermanas los unos de los otros hijos e hijas de un mismo Padre, Dios.

Francisco Albuixech



Con toda la caridad del mundo, pero con toda claridad también, en nombre del Evangelio que es buena noticia de amor y de servicio, debemos hablar claramente en la Iglesia, para que nuestras lacras y nuestros trepas no impidan ver la gratuidad de Dios, su amor, su perdón y su humanidad manifestada en Jesús. Somos humanos, pero… a veces se nota demasiado

Hoja Eucaristía, 30-10-2011



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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]