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SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS - SANTA MARIA, MARE DE DEU

HOMILÍA

Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús

Hoy en la misma celebración, unimos aspectos diversos y vale la pena que los tengamos todos presentes aunque unos puedan tener más relieve que otros: octava de Navidad, solemnidad de la Madre de Dios y Jornada mundial de la Paz.

A nivel de la calle hoy es Año Nuevo. Cuando a finales de noviembre empezamos un nuevo año litúrgico lo hicimos sin ruido ni estridencias. El nuevo año civil se vive con mucho revuelo. Para los cristianos, en primer lugar, la fiesta de hoy nos trae a la memoria la Navidad: hace ocho días que celebrábamos la solemnidad del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.

Y la liturgia de este primer día del año nos invita a fijar también nuestra mirada en la madre de aquel niño acostado en el pesebre, tal como lo encontraron los pastores que fueron a Belén. San Pablo habla del hijo, nacido de una mujer: esta mujer es María de Nazaret, la madre de Jesús, esposa de José, Madre de Dios, madre de la Iglesia y madre nuestra, la santa María llena de gracia, la que canta la grandeza de Dios, la que conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón.

El recuerdo de la Virgen María hace aún más agradable esta buena noticia. Ella, María de Nazaret, una humilde muchacha de pueblo, fue elegida de Dios para traer a este mundo al Salvador. Y hoy, primero de enero, los cristianos le dedicamos una de las fiestas más solemnes del año, recordando y celebrando su Maternidad: Santa María, Madre de Dios.

El Papa Pablo VI, el 1 de Enero del año 1968 nos entregó el primer mensaje de la paz y nos pidió que cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario. Nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI, sensible a los temas relativos a la Doctrina Social de la Iglesia, nos entrega el mensaje para XLV Jornada Mundial de la Paz del 2012, bajo el lema Educar a los jóvenes en la justicia y la paz. (Prólogo del Mensaje de su Santidad Benedicto XVI, 1 de Enero 2012).

Todos queremos la paz, la justicia, la libertad… y si bien se mira y recordamos, esto es lo que queríamos ya el año pasado. ¿Qué otros valores podemos encontrar para dar sentido y justificación a nuestras vidas?

Sin embargo, lo que sucede constantemente, lo que ha sucedido también durante este año, es muy distinto de lo que pedimos y queremos en las ideas, veamos: la guerra sigue en muchos países, la paz se ve amenazada constantemente, las personas mueren de hambre, los Derechos humanos no se cumplen. ¿Por qué sucede esto si todos queremos la paz, comida para todos?… El evangelio de navidad, que escucharon los pastores, sigue para nosotros todavía suspendido en el aire, la paz a los hombres de buena voluntad es para nosotros todavía palabra que vuela… ¿Por qué?

En el año 1976, los Obispos españoles reunidos en la XXIII Asamblea Plenaria, difundieron una nota, diciendo entre otras cosas: Desde la doctrina y el espíritu del evangelio nos parece especialmente oportuno recordar a los fieles algunas actitudes básicas que inspiren su conducta en el momento actual:

  • El amor a la verdad: en las relaciones entre personas o grupos y en las mecanismos de la vida pública, que nos conducirá a una mayor autenticidad en la información, en los cauces representativos, en la actividad económica, privada y pública, y en la vida religiosa.
  • El sentido de la justicia: En las leyes y en su aplicación, en el sistema judicial, en las relaciones laborales, en el reparto de las riquezas y en la universalización de la cultura.
  • La ejemplaridad moral: como testimonio y fermento en el seno de una sociedad que ve seriamente amenazados los valores éticos en la familia, en la vida profesional, en las manifestaciones artísticas y en las actividades públicas.
  • La voluntad de participación: que destierre el desinterés por la comunidad y anime la convivencia y la obediencia responsable de las leyes.
  • El discernimiento sereno: de situaciones y problemas de la vida pública a la luz de la fe y con previsión de futuro.
  • El respeto al discrepante: a su persona y a sus ideas, que canalice el diálogo y la actuación legítima de las personas y de los grupos.
  • El empeño por la paz: que arranca la violencia del corazón y estimule actitudes creadoras en la superación de los conflictos.
  • La participación creciente de los fieles en las responsabilidades eclesiales.
  • La revisión de los modos de actuar de numerosas instituciones eclesiales, asumiendo las adquisiciones positivas del mundo actual, sin olvidar que la comunidad cristiana y su régimen interno no son homologables plenamente con la sociedad civil.

De cara a nuestra sociedad, siguen diciéndo los Obispos, la Iglesia aspira ser:

  • Comunidad evangelizadora, llevando la verdad y la gracia de Cristo a la sociedad civil para transformarla según las exigencias del evangelio.
  • Espacio de Comunión: En un cuerpo social como el de España, la fe y la caridad de los creyentes deben promover la aceptación mutua y el diálogo fraterno. La Eucaristía, libre de presiones y motivaciones, constituye, entre los cristianos, el punto de convergencia y aún de superación de legítima discrepancia.
  • Independiente: Tanto respecto del poder que gobierna, como de su oposición; lo mismo en las opciones ideológicas que en las políticas. No con una ausencia indiferente, sino con la función crítica que le es propia y con una comprensión respetuosa y cercana a todos.
  • Exenta de privilegios: Aún dentro de la dificultad de distinguir, en ocasiones, los derechos y privilegios, queremos renunciar a cuanto pueda empañar o haya empañado de hecho, nuestro testimonio evangélico.
  • El crecimiento del paro: cientos de miles de hermanos, incluidos los emigrantes que retornan, no encuentran el puesto de trabajo que necesitan y, a pesar de los subsidios de coyuntura, están ya viviendo en penuria e inseguridad.
  • La insuficiencia de salarios: A muchos españoles, entre ellos muchos sacerdotes, les resultan sus retribuciones cada vez más escasas, a causa del proceso inflacionista y les hiere comprobar la desproporción entre su nivel retributivo y las enormes ganancias de otros por trabajo o por rentas.
  • Los deficientes cauces para la participación de los trabajadores en los centros de decisión de la empresa y de la vida social, económica y política.
  • Los sectores deprimidos: Es manifiesta y en ocasiones escandalosa, la situación social del mundo rural, del sector pesquero y de bastantes regiones o comarcas menos favorecidas por el desarrollo económico general. La concentración de la riqueza en algunas zonas o en pocas manos, y los fallos estructurales o de aplicación del sistema fiscal, hacen sombría este diagnóstico.
  • Los ancianos y las clases pasivas: Los evidentes progresos sociales conseguidos para este sector están muy lejos de satisfacer aún, al menos con carácter general, sus necesidades básicas.
  • Los presos y los exiliados políticos: Al término del Año Santo de Roma, y ante el ya próximo Compostelano, reiteramos nuestra petición de que obtengan pronto la libertad los detenidos por delitos puramente políticos; de que puedan volver a la Patria quienes se encuentran fuera de ella por razones políticas, y de que revisen las leyes restrictivas del ejercicio de las libertades cívicas. Ello allanará los caminos hacia la necesaria reconciliación entre todos los españoles.

Terminan diciendo los Obispos: Próximas ya las fiestas de navidad y la jornada de la Paz, exhortamos a los fieles a que pidan, con nosotros, a Cristo Salvador, por intercesión de María y para todo nuestro pueblo, los dones de una paz asentada en la justicia y en el amor fraterno.

Hemos escuchado, en la primera lectura, una plegaria del pueblo judío que muy bien podríamos hacerla nuestra, en este inicio del año 2012 para toda la parroquia. El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz.

Francisco Albuixech



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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]