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III DOMINGO DE ADVIENTO (B) - DIUMENGE III D'ADVENT (B)

HOMILÍA

En medio de vosotros hay uno que no conocéis

JUAN, TESTIGO DE LA LUZ.- Es curioso cómo presenta el cuarto evangelio la figura del Bautista. Es un “hombre”, sin más calificativos ni precisiones. Nada se nos dice de su origen o condición social. Él mismo sabe que no es importante. No es el Mesías, no es Elías, ni siquiera el Profeta que todos están esperando. Solo se ve a sí mismo como la voz que grita en el desierto: Allanad el camino al Señor. Sin embargo Dios lo envía como testigo de la luz. Él, Juan, fue el primer testigo de la luz, en medio de la oscuridad de la historia de aquel tiempo. Tiempo en que el pueblo judío, oprimido dentro del imperio romano, experimentaba desolación y tristeza. Juan les mostró un nuevo camino que llevaba al encuentro con Jesús.

Cuando Juan encontró a Jesús, su corazón saltó de gozo y de pasión por el Maestro, al que señalaba como el Mesías. Su corazón se iluminó. No tuvo miedo de desenmascarar la impostura de Herodes, y la de todos aquellos que utilizaban la religión para su beneficio.

Se dice que el mundo actual se está convirtiendo en un “desierto”, pero el testigo nos revela que algo sabe de Dios y del amor, algo sabe de la fuente y de cómo se calma la sed de felicidad que hay en el ser humano. La vida está llena de pequeños testigos. Son creyentes sencillos, humildes, conocidos solo en su entorno. Personas entrañablemente buenas. Viven desde la verdad y el amor. Ellos nos allanan el camino hacia Dios. Son lo mejor que tenemos en la Iglesia.

¿Tú quién eres?, le preguntaban a Juan. ¿Quién es para nosotros Jesús?, nos podemos preguntar entre nosotros. Juan tenía claro que era un instrumento de Dios, una caña que se movía por el impulso del Espíritu, un servidor de la causa del Señor y de su reino. ¿Y nosotros? ¿Nos hemos encontrado con Jesús? ¿Queremos encontrarlo? ¿Queremos seguir su camino? ¿Estamos dispuestos a renunciar a seguridades, comodidades, conveniencias, la buena imagen? ¿Estamos a punto para convertirnos, transformar nuestro corazón tan a menudo indiferente al dolor de los demás? ¿Seremos capaces de tomar conciencia de que ser cristianos es mucho más que unas prácticas religiosas o que unos actos de piedad? ¿No se trata más bien de ser muy especialmente personas de misericordia, de acogida, de servicio humilde y atento a los demás?.

Estamos en tiempo de Adviento, de espera, de esperanza… Como María, que sentía cómo crecía el niño en su vientre. Estamos en tiempo de prueba. Y a la vez en tiempo de Promesa. La Luz, la verdad, el perdón, la misericordia y la paz son posibles. Porque Dios ya es una realidad en nuestro mundo. Solo hay que seguir su rastro y su rostro en los pobres y en las víctimas de toda clase de mal. No hay tiempo para el miedo, el cansancio o la indiferencia. Solo hay tiempo para la esperanza.

Después de veinte siglos de cristianismo hemos repetido hasta el exceso el nombre de Jesús, hemos llenado bibliotecas enteras con estudios especializados y, a veces, hemos terminado por creer que no necesitamos ya ahondar más en su persona y en su mensaje. Tal vez también hoy se pueden repetir las palabras del profeta Juan: En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

En esta celebración de la Eucaristía que estamos celebrando, nuestra oración podría estar dirigida a Dios para que siga enviando grandes Profetas a su Iglesia, como el papa Francisco, y nos iluminen los acontecimientos históricos de la vida.

Francisco Albuixech



Hoy unos optan por la desilusión
algunos por la agresividad.
Otros por el triunfalismo.
Yo desde mi pobreza y con toda la humildad,
apoyado en el Señor y en su Buena Noticia,
apuesto por la esperanza
.

Ramón Echarren



Pastor que, sin ser pastor,
al buen Cordero nos muestras,
precursor que, sin ser luz,
nos dices por donde llega,
enséñanos a enseñar
la fe desde la pobreza.
Tú, que sabes que no fuiste
la Palabra verdadera
y que solo eras la voz
que en el desierto vocea,
enséñame, Juan, a ser
profeta sin ser profeta.

José Luis Martín Descalzo



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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]