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Ascensión del Señor (Ciclo B) - 27 de Mayo de 1976

Homilía

Cristo con su Muerte y Resurrección ha terminado su misión en la tierra. Ahora en su Ascensión a los cielos va ser proclamado Señor del Universo. Pero antes de subir a los cielos les encarga una misión a sus discípulos. Les dice: Id por el mundo entero y proclamad el Evangelio a todos los hombres. Estas palabras de Jesucristo señalan el camino o la misión de la Iglesia en el mundo, y por tanto la misión que tenemos que realizar nosotros los cristianos ahora. La Iglesia no existe en el mundo para vivir encerrada en sí misma, sino para ser servidora del hombre. Esto nos plantea una pregunta. La Iglesia visible de España, Iglesia visible del Puerto ¿dónde estás?... La respuesta que quisiéramos darnos a nosotros mismos y dar a quien nos la pidiera, sería esta: Donde el pueblo, con el pueblo, en medio y en la entraña del pueblo. Pero, ¿es verdad esto?...

Hoy al hablar de pueblo, quiero referirme a los 300 obreros de la IVª Planta que han permanecido encerrados en la Parroquia de San Pedro durante cuatro días, hasta que ayer (anteayer) fueron desalojados por la fuerza pública. Atropellando las leyes del Concordato todavía vigente entre la Iglesia y el Estado Español. Y junto con estos 300 obreros incluyo a sus familias y a todos los que de alguna manera se han solidarizado con ellos.

Y ahora sigo preguntándome: ¿Está con éstos, en medio de éstos, la Iglesia del Puerto?...

Este pueblo al que me refiero es un pueblo que al igual que Cristo, muere cada día. Muere ante la angustia y la preocupación de encontrar un trabajo seguro y remunerado; muere ante la amenaza terrible del paro o del despido; muere en la falta de libertades para expresarse y reunirse para defender sus derechos humanos atropellados; muere en el trato que se le da, pues no se le considera como persona sino como mero instrumento de producción y de ganancia; muere en las trampas que le presenta la Empresa para engañarle y pagarle menos; muere atemorizado por las armas de la fuerza pública siempre al servicio del capitalismo; muere cuando tiene que callar, estando cargado de razón; muere al no poder decidir nada importante sobre su vida, porque otros señores se lo imponen todo desde arriba; muere víctima de la sociedad de consumo que la televisión y la propaganda le mete por los cinco sentidos para que compre y compre a cambio de trabajar muchas horas y pagar muchas letras... Este pueblo muere de muchas maneras cada día. Iglesia de Puerto ¿dónde estás?...

Pero no queremos ser pesimistas. Reconocemos que este pueblo nuestro no está muerto del todo. En sus entrañas hay semillas de resurrección, aspiraciones de vida... Esto se manifiesta porque lucha por sus reivindicaciones económicas; grita en muchas esquinas y calles su descontento; busca ansiosamente espacios de libertad; clama en silencio; muchas veces por la vida, por otros valores, por otra sociedad. Este pueblo nuestro, con sus gestos, con sus gritos medio desesperados, con sus torpezas incluso, manifiesta su afán de un cambio real. Ya no se queda satisfecho de palabras y más palabras... Todo esto es signo de que no ha muerto del todo. La señales de muerte dejan entrever al mismo tiempo presagios de resurrección... Iglesia de Puerto ¿dónde estás?... Si somos seguidores de Jesús de Nazaret, Muerto y Resucitado, este pueblo que muere y resucita debe ser el lugar desde le que podamos ser testigos fieles. Solamente cuando la Iglesia se pone al lado de este pueblo, se hace testigo de Jesús de Nazaret.

Es preciso morir con el pueblo, si queremos resucitar con él. Es preciso hacerlo así si queremos ser testigos de un hombre muerto y resucitado. Las lecturas de hoy nos hablan de una fuerza que hay en la Iglesia y en nosotros para llevar a cabo todo esto: es su Espíritu, su fuerza. Esta es la que nos debe quitar el miedo, la que debe vencer en nosotros el peligro de quedarnos encerrados al margen.

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]